Toda trilogía que se precie debe referenciar en algún momento elementos pasados de su propio universo, y en ese mismo punto nos encontramos con la nueva entrega de Crysis, en la que volvemos a meternos en la piel de Prophet, el protagonista del primer juego en un intento por compactar la historia y “cerrar el círculo”. Esta vez no volvemos a estar perdidos en una isla del Pacífico rodeado de norcoreanos sino que, al igual que en el segundo capítulo, volvemos a movernos por una ciudad de Nueva York ahora destruida y invadida por la naturaleza más salvaje unos treinta años después de los sucesos que provocaron la cuarentena de la gran manzana en la segunda parte.
La ciudad está totalmente aislada del exterior por una cúpula de nanotejido a lo show de Truman, y está controlada por las fuerzas de Cell, con los alienígenas campando a sus anchas y jodiendo un poco la marrana, por qué no decirlo. Nuestra misión será pues, infiltrarnos dentro de la Cúpula de la Libertad para acabar con la amenaza de Cell con la ayuda de Psycho, el protagonista de Crysis Warhead, que nos acompañará durante gran parte dela historia para indicarnos misiones a realizar.
Una vez enfundados en el nanotraje, creado por Cell, deberemos familiarizarnos con todo el potencial de combate que nos puede aportar. El nanotraje, que ya ha recombinado el ADN del protagonista para entrar en perfecta simbiosis y que asusta a sus propios aliados, nos permite pasar al modo camuflaje en cualquier momento y siempre que nuestra cantidad de energía lo permita. Esta habilidad nos permitirá pasar desapercibidos a plena luz del día, pudiendo realizar ataques sigilosos por la espalda o pudiendo pasar por delante de los enemigos sin que tan siquiera puedan olernos. De igual forma, la energía que aporta el nanotraje puede ser usada para activar el blindaje antibalas si lo que queremos es resolver la situación de una forma más rápida que con la infiltración, usando el combate cuerpo a cuerpo de los shooter de toda la vida.
Otras funciones del nanotraje son la capacidad de salto sobrehumano, que nos permitirá llegar a salientes poco accesibles o el uso del visor de combate, que permite la identificación de enemigos, munición, información y objetivos. De esta forma, podremos evaluar la situación en la que nos encontremos para diseñar la táctica de ataque más adecuada. Mediante el uso del visor, también podremos piratear tanto torretas de vigilancia, como minas antipersona o puertas bloqueadas y pasar al modo de visión térmica cuando la iluminación del entorno no sea la adecuada. Todo esto se traduce en una mayor versatilidad a la hora de resolver situaciones y sentirnos los todoporedorosos reyes del mambo.
Tanto si nos decantamos por una táctica de infiltración y sigilo o por la de fuerza bruta, dispondremos del arma más característica del juego: el arco compuesto. Está equipado con cuatro tipos de flechas que iremos intercambiando en función de nuestras necesidades, desde la flecha clásica, hasta los dos tipos de flechas explosivas y la de descarga eléctrica. Todas las armas que podemos usar son personalizables, de forma que podremos cambiar el tipo de mira, el modo de disparo o añadir un silenciador. Por supuesto, cada una de estas modificaciones conllevará la alteración de las características principales del arma, como el alcance, el daño o la velocidad de disparo. Además, también podemos usar armas alienígenas, que aunque escasas y con poca munición, tienen una potencia de disparo brutal y podremos eliminar desde helicópteros hasta torres de vigilancia lanzamisiles.
A medida que vayamos avanzando en el modo campaña, iremos encontrando módulos de actualización del nanotraje que nos permitirán aumentar la capacidad del mismo en cuanto a cantidad de energía necesaria para el blindaje y la invisibilidad, la reducción del daño recibido, etcétera. La superioridad por el uso del nanotraje es tan sangrante que el número de enemigos siempre suele ser muy elevado. De hecho, en el momento en que alguno de los enemigos dé la voz de alarma, comenzarán a llegar refuerzos para hacernos más difícil la resolución de la situación.
Aunque la grandilocuencia y amplitud de los escenarios, al menos en apariencia, es mayúscula, el desarrollo de la acción no deja de ser un poco lineal. El único momento en que se nos permite tener un mínimo de libre albedrío es a la hora de resolver una confrontación con el enemigo para hacerlo por las buenas o por las malas, porque sólo hay una de salida y no es la de emergencia, amigo. Si unimos este hecho con la escasa duración del modo campaña, el sentimiento de desasosiego al terminar el juego es un pelín molesta, pero queda un mitigada en parte por lo entretenido del desarrollo del mismo.
El modo multijugador, además de incluir todos los tipos de juego básicos como son la captura de bandera o el todos contra todos, incluye el modo cazador. En éste, se parte de un máximo de 16 jugadores que se dividirán en dos equipos. El primer equipo lo formarán dos jugadores con nanotraje, mientras que el resto formará parte de una escuadra Cell. La misión de los primeros será la de aniquilar a los Cell antes de que se acabe el tiempo. Cada vez que un jugador Cell muera, aparecerá inmediatamente en el bando contrario con nanotraje incluido, por lo que la labor de supervivencia será cada vez más y más difícil.
También tenemos la posibilidad de elegir el modo multijugador introducido en Crysis 2 en el que una nave alienígena dejará caer una cápsula en una localización determinada, y esta tendrá que ser defendida por uno de los equipos mientras el otro intenta hacerse con ella. La novedad de este modo con respecto a la edición anterior es la posibilidad de conducir vehículos Ceph, en concreto el meca gigante con forma de trípode. Sí, trípode.
El único pero que se le puede poner a este título es la corta duración de la campaña principal y su linealidad que, aunque rejugable y con cuatros niveles distintos de dificultad, nos deja con ganas de más y con esa sensación de coitus interruptus. Por lo demás, estamos ante un shooter más con un brillante y privilegiado entorno visual, que nos sumergirá por completo en la jungla más profunda y agreste de la antigua Nueva York y que nos hará disfrutar tanto como un gorrino en un charco de barro precisamente por esa sensación de poder que presenta nuestro personaje. La potencia gráfica (aún con la abismal diferencia entre PC y consolas) sigue siendo el libro de cabecera de Crytek, y aunque no se llegue a aprovechar el fantástico escenario donde nos movemos, sin duda deja bien claras sus intenciones de divertir por la vía del espectáculo. Al fin y al cabo, así fue desde el principio.
fuente : atrincherados
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